El Club...

Carta de André Gutzwiller

El campo se empezó a jugar con seis hoyos (del 4 se pasaba al 8, recuerda José M“ Coma), luego fueron nueve y ya dieciocho en 1969.

Nada más entrar en la operación, el grupo Gutzwiller publicó un «Cahier des charges pour les zones réservees a la construction des villas», en el cual obligaba a los compradores de parcelas a observar unas condiciones de calidad que supervisaría en ultima instancia la sociedad promotora como, por ejemplo, residencias de buen stunding europeo, estilo regional acorde con un modelo sugerido, lindes y separaciones mínimos y porcentajes de edificabilidad entre el 25% para las parcelas de 800 metros cuadrados y del 12% para las de 2.000 metros cuadrados. También se elaboró un reglamento interior de la urbanización, que debían firmar los compradores, en el cual se obligaba a observar las reglas de buena vecindad, como la prohibición de extender la ropa a la vista, plantar tiendas de campaña o aparcar rou/ottes.

Ya en aquel momento la riqueza floral del terreno se hizo evidente, pues las zonas de la urbanización —varios años más tarde se daría nombre a las calles— se bautizaron a partir de árboles y flores que allí crecían: orquídeas, mimosas, álamos, begonias, eucaliptos, dalias, margaritas, cedros.

André Gutzwiller, en una carta dirigida al club sobre sus primeros recuerdos de la empresa, habla de «la epopeya heroica de Santa Cristina». «Mucho tiempo, mucha paciencia, muchos imprevistos, muchas contrariedades administrativas me obligaron a dedicar la mayor parte de mi tiempo a los asuntos en España, cuando se suponía que nuestra participación era meramente financiera. Ni agua, ni electricidad, ralmente, tampoco teléfono, ni puente sobre el río, ni carreteras [...]. Por fin empezaron las obras, muchas veces acompañé a Hamilton Stutt a supervisar los trabajos del campo; empezaba a tener forma, hicimos pozos, sembramos, plantamos más de 4.000 árboles y arbustos [...], todo estaba previsto para el 4 de septiembre de 1967. Pero el hombre propone y Dios dispone.» Lo dice porque un incendio que asoló durante una semana a finales de julio las demarcaciones de Tossa, Sant Feliu de Guíxols, Llagostera y Santa Cristina d'Aro calcinó unas 4.000 hectáreas de arbustos y alcornoques. «Todo se quemó, solo se salvó la casa-club.»

Después de algo más de un mes del incendio, el 9 de septiembre de 1967, se hizo la inauguración oficial. Dice la crónica de Losíitios, publicada el domingo 10 de septiembre, que el recorrido del campo «será de 5.745 metros con dieciocho hoyos, 10 de los cuales ya han sido terminados». Presidió el capitán general de Catalunya, duque de la Victoria, y fue invitado de honor los archiduques Roberto de Austria. También la inauguración se publicó en la portada de La Vanguardia en su edición del miércoles 13 de septiembre de 1967, con dos fotografías: una de la bendición de las instalaciones por el cura párroco de Santa Cristina y otra de André Gutzwiller entregando el premio a la ganadora de la prueba inaugural, de cuyo nombre no se ha dejado rastro.

Y acaba así su carta André E. Gutzwiller: «Con orgullo acogimos el Gran Premio de Catalunya, en el que un participante logró un hoyo en uno en el 8 —efectivamente, fue Jorge Rottier Gaillard, cuyo equipo quedaría segundo en esa edición de 1969 y fue campeón al año siguiente—. Con la construcción de los vestuarios concluye mi participación activa en la epopeya heroica de Santa Cristina. Pasó a ser de Claude Burrus, que no perdió un minuto en deshacerse del golf». El equipo de Gutzwiller se movió para promover las ventas de parcelas en diferentes puntos de Europa y así la urbanización creció con un grupo de franceses de Toulouse, también ingleses, alemanes y, por supuesto, suizos; luego se afincaron hasta siete comandantes de KLM, como explica Peter von Groenewoud, formando una significativa colonia de holandeses, y también compraron españoles, sobre todo de Madrid y de Barcelona.

Nos han llegado algunos documentos de esta primerísima etapa de actividad del club, como es, primero, el acta en la que se recoge la nueva composición de la junta directiva del club de Golf Costa Brava con André Gutzwiller como presidente, de fecha 15 de julio de 1968 (la relación de todos los miembros de las directivas del club se encuentra en el capítulo 5 de este libro).

También, unas reglas locales generales que, entre otras cosas, dicen que «la bola que quedase dentro de la zanja que atraviesa la calle del 4 podrá droparse detrás de la misma sin penalización». Y, respecto al hoyo 16, «la zanja existente a 110 m aproximadamente del tee de salida de bolas rojas se considerará bajo la regla de hazard de agua» (tal cual).

Hubo un programa de doce competiciones para 1969. El campo ya tenía dieciocho hoyos —Ios mismos que ha tenido el club hasta abril de 2011- que se jugaron por primera vez en competición oficial con el Gran Premio de Catalunya, los días 26 y 27 de abril (el Hexagonal se jugó cinco años duran- te el mandato de Gutzvviller], y los ganadores del campeonato fueron |\/larcos Viladomiu, Javier Viladomiu, Francisco Jover y Enrique Conti. El clásico del golf catalán, que llegó al Club Costa Brava en su tercera edición, ha vuelto desde entonces en múltiples ocasiones, pues el campo de Santa Cristina se considera una de sus sedes clásicas. Entre otros premios, el programa señalaba el Trofeo Inauguración para los días 18 al 20 de julio; el Campeonato Junior de Catalunya a mediados de agosto, un pro—am el 17 de agosto y el campeonato del club, en septiembre.

Otra publicación del año 69 es un «Resumen de Normas Estatutarias y Reglamentarias» en el que se dice que la «In- mobiliaria Golf Costa Brava, S. A. es la sociedad, actualmente en período de constitución, propietaria de los terrenos don- de se encuentra emplazado el campo de golf [recorrido de dieciocho hoyos) y la casa-club». Explica las clases de socios, las cuotas de entrada y anuales y las tarifas de los servicios [por ejemplo: alquiler de palos, todo el día 150 pesetas; por dieciocho hoyos, 100 pesetas. Transeúntes para ocho dlas, 2.000 pesetas —entonces no se contemplaba la posibilidad del pay&play diario; los invitados de los socios eran amable- mente admitidos-L

Por cierto que en noviembre de 1968 se alojó en el Hostal de la Gavina el actor escocés Sean Connery, a quien entonces se identificaba solamente con James Bond, el agente O07; llegó acompañado de gente de cine y de tres ilustres profesionales de golf británicos: Max Faulkner (campeón del Abierto de España en 19511953 y 1957], Brian Barnes (que ganaría también el Abierto de España, en El Prat en 1978) y John Garncr [otro estable del circuito europeo en aquellos años). Los cuatro se fueron a jugar al Costa Brava aunque Bond,James Bond, se llevó la mejor parte mediática.

José Mana Coma, actual socio número seis, que entró en 1967, recuerda que hacia 1970, después de haberjugado un día con Luis Forn, compartieron mesa, una única mesa larga que ha- bla entonces como restaurante del club, en lo que hoy es ante- sala del despacho de la gerencia, con Tita Cervera, su marido Lex Barker y Robert Taylor. En aquella época, explica, «no habla bar, ni restaurante propiamente dicho, ni vestuarios, ni agua caliente; la masía era, prácticamente, solo un techo. Ahora es uno de los buenos clubs que hay en Catalunya. Los empleados son extraor— dinarios, educados y eficientes». Mariona y Cristina Platón son de la misma opinión: «Queremos destacar que el personal es muy bueno, a todos hay que darles un diez»,